Thursday, February 18, 2010

Zinedine Zidane


De niño, detestaba el fútbol. Con el tiempo, ha pasado de ser mi habitual odio a un amable descuido.
No sé nada ni de fútbol, ni de sus devociones, ni de sus políticas, ni de sus negocios. O eso creo.


No sé nada de Zidane y, para escribir este artículo, debería haber buscado información, extraer lo interesante e ilustrarlo aquí, como suelo hacer habitualmente.


Pero no he querido hacerlo, porque prefiero que quede en el misterio. Así, me seguirá resultando tan irresistible como hasta ahora.


Sólo sé que no hubo jugador como él durante el fin de siglo, y que los periodistas deportivos lo llamaban "El Zid".


Buen detalle éste último; el Cid Campeador fue un moro mercenario de los cristianos.


No sé nada de este francés de origen argelino, que le dio un cabezazo a otro jugador durante el mismo partido de su despedida y retirada.
Pero dicen que ese episodio no empañó una gloria de tanto calibre.


En cierta ocasión, puse a grabar "Mujeres Desesperadas", cambié de canal y vi un partido.
Creo que era un Mundial, pero no estoy seguro.


Zidane se comió a la defensa española y avanzó hacia la portería, dando las zancadas más impresionantes que estos ojos han visto jamás.


Una vez lo vi en las noticias.
Estaba junto a otros jugadores del Real Madrid, en fila para saludar al Papa. Todos besaron el anillo de Juan Pablo II.


Zidane fue el único que se negó, y sólo le dio la mano.


Dicen que podría ser considerado como uno de los grandes futbolistas de todos los tiempos, pero a mí me han interesado más sus ojos de androide que sus milagrosas patadas en dirección a puerta.


Lo he visto desde lo lejos, quizá desde el sitio que me correspondía. Y, sí, inesperadamente, lo conozco más de lo que suponía.

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