
Llámesela chorrada, pornografía para materialistas, frivolidad rampante o el aspecto más prescindible de la cultura.
Pero la moda, suscite más o menos pasiones, seguirá de moda.

En ella, se unen la fascinación por la imagen, el placer del lujo y las ganas de poder; los tres pecados capitales favoritos de los que la contemplan y de los que se atreven a seguirla.

Pese a su contenido estrafalario y elitista, muchas de sus propuestas han acabado resultando signatura estética de los tiempos, especialmente cuando son vistas en retrospectiva.

Digamos, hoy jueves, que la tendencia de nuestra época son los maromos.
Y la moda se apunta, qué menos.
Los hombres como objeto de deseo también competen a las pasarelas, y ya no se limitan a ser maniquíes o reposabrazos al lado de las top.

Ahora los chicos tienen nombre y apellidos.
No sólo se les demanda que sepan lucir trapos y que miren poderosamente al objetivo de los flashes del estudio.Y la moda se apunta, qué menos.
Los hombres como objeto de deseo también competen a las pasarelas, y ya no se limitan a ser maniquíes o reposabrazos al lado de las top.

Ahora los chicos tienen nombre y apellidos.

Los intentos de las grandes marcas y las mejores firmas es que los modelos, además, tengan un mínimo de carisma.
Deben así provocar libidinosos sueños entre sus públicos potenciales, con la mezcla ideal entre físico y actitud.
Deben así provocar libidinosos sueños entre sus públicos potenciales, con la mezcla ideal entre físico y actitud.

Ahora los modelos masculinos son hombres de cine.
Y hoy traigo a tres óptimos ejemplos del asunto. Se llaman Noah Mills, Jon Kortajarena y Oriol Elcacho.
El lúbrico, el despeinado y el clásico como tres valídisimas variantes.
Y hoy traigo a tres óptimos ejemplos del asunto. Se llaman Noah Mills, Jon Kortajarena y Oriol Elcacho.
El lúbrico, el despeinado y el clásico como tres valídisimas variantes.

Mills es de Dolce & Gabbana y, por tanto, hay que enseñar, ser obvio y parecer caliente.
El canadiense pone labios y saca abdominales, como si no le costara ningún esfuerzo.
Y, del mismo modo, se nos quedan los ojos en todo cartel publicitario donde Noah aparezca ligero de ropa.
El canadiense pone labios y saca abdominales, como si no le costara ningún esfuerzo.
Y, del mismo modo, se nos quedan los ojos en todo cartel publicitario donde Noah aparezca ligero de ropa.

En medio del insufrible visionado de "Sex and The City 2", Noah Mills nos hacía un favor e irrumpía brevemente como el semental de turno para Samantha.

Aunque era poco más que un elemento decorativo, esa intervención es síntoma de que estos chicos también persiguen el cine.
Que se les oiga hablar, en definitiva.
Que se les oiga hablar, en definitiva.

Es el caso del siguiente elemento de nuestra colección, que conseguía salir en pantalla cinematográfica gracias a Tom Ford.

No se para de hablar de Jon. Todos quieren ser Kortajarena.
Tener la cara igual de angulosa va a ser un poco difícil, mis muchachos.
Pero, de momento, el personal le copia ese peinado, a medio camino entre James Dean, David Lynch y una buena electrocución.
Tener la cara igual de angulosa va a ser un poco difícil, mis muchachos.
Pero, de momento, el personal le copia ese peinado, a medio camino entre James Dean, David Lynch y una buena electrocución.

Si el entusiasmo general por Jon Kortajarena continúa, podríamos decir perfectamente que ha desbancado a Andrés Velencoso en lo que respecta a mayor popularidad modelística-masculino-nacional.

Buena prueba: cuando Jon vino por primera vez a este blog, me proporcionó uno de mis días con mayor número de visitas.

Con más calma se lo toma el también español Oriol Elcacho.
Cualquier hombre que se vista de traje como acto de fe, encuentra en Oriol ese ideal de elegancia tranquila.
Cualquier hombre que se vista de traje como acto de fe, encuentra en Oriol ese ideal de elegancia tranquila.

Oriol, que es una variante hot de todos los pijos de la Tierra, representa ese mundo de trapos y complementos de corte clásico.

Elcacho es de Ralph Lauren y de BVLGARI, obviamente.
Todavía se peina como Dios manda. Y si se despeina, que ese desorden sea dentro de un orden.
Todavía se peina como Dios manda. Y si se despeina, que ese desorden sea dentro de un orden.

Pero, sinceramente, a mí no importa lo que lleven puesto estos pollos. A mí me importa cuando se lo quitan.

Y sospecho que, ante todas estas imágenes, muchos de vosotros no estais leyendo nada de lo que he escrito hoy. No os culpo.

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