Monday, November 8, 2010

Una Francesa en LA


Que Hollywood importe talentos de otros países es costumbre. Que convenza a una gabacha para que sea estrella en nómina siempre ha sido tarea pendiente.
Muchas de las grandes personalidades del cine galo han pasado de visita por Hollywood, en apariciones puntuales, y sin ninguna intención de cambiar el Borgoña por el vino de California.


El cine norteamericano se ha quedado con las ganas.
Lo yanqui observa lo europeo como el colmo de la finura, el mito de la bohemia y el aval de lo bien mundano; invitar a un amorío en ciernes a un restaurante francés se considera el mejor plan posible.


Casi tan buena idea como darle un Oscar a la fresca y talentosa Marion Cotillard.
La Cotillard no era la favorita de aquella noche de 2008, pero la suya era la más poderosa de las interpretaciones nominadas.
La ocasión se hacía especial, casi sin pretenderlo.


Sucedía gracias a una película francesa y a una interpretación francesa, sobre una leyenda tan rotundamente francesa como Edith Piaf.
Olivier Dahan, el director de "La Vie en Rose", no necesitó conocer en persona a Marion; vio sus ojos y decidió que iba a ser la Môme.


Marion Cotillard como la Piaf responde a una de esas transformaciones histriónicas y muy premiables, que no son santo de mi devoción.
Pero no cabe duda de que Marion ofreció emoción a raudales y un compromiso interpretativo asombroso.


Por su parte, Hollywood también contemplaba con fascinación los ojos de Marion. Y los consideraba unas cuencas ideales para despedir kohl, cual máquina del tiempo hecha mujer.


Porque la Cotillard parece llegada de los años treinta; una versión sexy y europea de Sylvia Sidney, idónea para vestir de Dior.


El proceso de glamourización de la Cotillard ha sido rápido y certero. Vista desde ahora, parecía otra en su primera ceremonia de los Oscars.


Esa estatuilla dorada no se le ha atragantado de momento, como suele suceder en el caso de otras actrices.


Ya sea en su carrera profesional o en su vida personal, Marion se ha proclamado victoriosa.
Si "Nine" y "Public Enemies" no fueron los exitazos previstos, su presencia, tanto estética como dramática, resultaba lo mejor con diferencia de ambos títulos.


El éxito de "Inception" ha sido su validación definitiva en la Meca del Cine.
Interpretaba a Mal Cobb, amor perdido, culpa letal y mujer rememorada de Leonardo DiCaprio.


La prensa dice que Marion le robó el marido a Diane Kruger.
El actor y director Guillaume Canet sería el motivo de esa presunta disputa de bellezones continentales.


Desde finales de 2007, y coincidiendo con su revelación en "La Vie en Rose", la Cotillard mantiene una relación con Canet; un amor bastante seguido y comentado por los medios de su país.


No hay finales para nuestro idilio con Marion, sino principios.
En Francia, no la quieren dejar escapar, pero ella se acomoda con tranquilidad entre los mimos que le brinda el cine norteamericano.


Ya ha sido solicitada por Steven Soderbergh, Woody Allen y David Cronenberg.
Y, con la confianza de su propia valía, se promete a sí misma la mejor de las suertes.

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