Tuesday, December 21, 2010

El Fulgor de "Boardwalk Empire"


Nadie dudaba de que "Boardwalk Empire" iba a ser buena. La sorpresa es que lo sea tanto.
Es la historia de una época fascinante, abordada con una mirada sensible e inteligente y, a la vez, con un gran conocimiento del medio televisivo.
"Boardwalk Empire" tiene miga y se mueve fugaz. Milagrosa combinación.


A diferencia de otras series de la HBO, no arranca con parsimonia ni se muestra críptica.
Sin perder su profundidad ni su revisionismo crítico, esta nueva serie apuesta por un fresco de personajes que se antoja terriblemente entretenido desde el primer momento.


Y la hermosura de sus formas está fuera de toda duda.
El diseño de producción es perfecto, y la fotografía es el contrapunto para que el vestido y el decorado cobren vida y luzcan textura.
No se ha creado sólo un bonito edificio; se ha conseguido un cuadro bello y evocador.


¿De qué habla "Boardwalk Empire"? Arranca justo en el momento en que se decreta la Prohibición en los Estados Unidos.
Los años veinte comienzan secos, mientras se da el pistoletazo de salida al contrabando de alcohol, que acabará por auspiciar la era del gangsterismo.


En Atlantic City, ciudad lúdica, el tesorero municipal se llama Nucky Thompson, hombre hecho sí mismo y rey fáctico de la localidad, que da y recibe favores de toda la comunidad.


Nucky se convierte en el interlocutor válido de las políticas del Partido Republicano. Defiende la Ley Seca ante los bienpensantes, sólo para lucrarse de la ilegalidad de la bebida al día siguiente.


Como en "Roma", personajes históricos y ficticios se entremezclan y se relacionan.
La mayoría serían los llamados caracteres ambiguos o intermedios.


La corrupción, la violencia, la necesidad de enmienda al final de día, la irrupción de traumáticos pasados y la vivencia de frustrados presentes se revelan como la temática espinal de la serie.


El enfrentamiento entre el pragmático, tramposo Nucky, y su amante, la idealista Margaret Schroeder, ejemplifica las tesis de "Boardwalk Empire".


"Cada uno elige el nivel de pecado que es capaz de soportar", llega a decir Nucky.
Como en una escalera donde se reparten distintas cantidades de alma y diferentes raciones de inmoralidad, se ordenan los seductores seres de "Boardwalk Empire".


El reparto es una buena reunión de talentos, muchos importados desde el cine, con actores tan hipnotizantes y reivindicables como Michael Shannon, Gretchen Mol o Shea Wigham.


Steve Buscemi es el rey de la función.
No es un protagonista atractivo físicamente y, en los momentos de Nucky como galán, el casting deja bastante que desear.


Por otro lado, el proverbial talento de Buscemi, su inmensa ironía y su buen dominio de la escena son la necesaria contrapartida.
Parte de la bendita ligereza de "Boardwalk Empire", se debe a los movimientos de Buscemi, sin ninguna duda.


La guapura masculina viene dada por ese reluciente Michael Pitt, jamás tan maromo como el gángster Jimmy Darmody.


Y también habría que mencionar a Vincent Piazza, que incorpora al infamous Lucky Luciano; tiene un pasmante desnudo frontal en cierta secuencia, que deja claro que lo de Piazza es una pieza.


El primer episodio de "Boardwalk Empire" está dirigido por Martin Scorsese y, evidentemente, se confirma como uno de los mejores capítulos del año.
Es nada menos que el gran arranque para un nuevo diamante que añadir a ese joyero de la HBO.


Con buena presencia en las nominaciones de los Globos de Oro, notables datos de audiencia y una reverencia crítica total, "Boardwalk Empire" es nuestro nuevo motivo de adoración.


Los doce capítulos de su primera temporada se han pasado en un suspiro. Queremos más "Boardwalk Empire" y lo tendremos.

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