Monday, December 20, 2010

Gwyneth In Love


La primera vez que me enamoré de Gwyneth Paltrow fue cuando la oí hablando un enternecedor castellano.
Sucedía en un programa de entrevistas de este país a mediados de los noventa.
La nueva chica de Hollywood confesaba que, a los quince años, fue estudiante de intercambio en la localidad toledana de Talavera de la Reina.


Con ese piquito y esos ojos caídos que miran con ternura e inteligencia, Gwyneth se me revelaba como la mejor guiri del mundo, a la que invitar a casa y enseñar todo sobre el verbo "to be" y su doble y muy poética traducción al castellano.


Por entonces, Gwyneth empujaba con fuerza las puertas del cine, salía con Brad Pitt y era pieza clave de "Seven" ("¡¡¿Qué hay en esa caja?!!").


Dicen que Brad la dejó por inmadura y que, a partir de ahí, Gwyneth navegó entre el descontrol de su vida personal y los rapidísimos laureles que le concedió el cine.
Pronto era protagonista, y así se esculpió así misma, deslumbrante, como la súper rubiaza que siempre ha sido.


Como Viola de Lesseps en "Shakespeare In Love", entregó lo mejor de sí misma, con un buen cóctel de talento y encanto.
Le dieron el Oscar y ella no tuvo complejos en emocionarse.


Ganar la estatuilla tan pronto no fue bueno para la Paltrow, que se perdió en películas poco interesantes y en su aburridísimo romance on/off con Ben Affleck.


A Ben y a Gwyneth les gustaba mucho empinar el codo, discutir y reconciliarse. Sus respectivas rehabilitaciones conllevaron finalmente la separación.


Las caras se suceden al ritmo de las modas, y Gwyneth ha sido una de sus víctimas durante largo tiempo.


Pero siempre ha otorgado brillo, especialmente cuando ha sacado partido de ese físico escuálido y esa cara un tanto gótica, en películas tan inclasificables como "Los Tennembaums" o "Running with Scissors", donde su piquito ha sido más grande que nunca.


La clase la ha heredado de su madre, Blythe Danner, que ha guiado y tutelado sus pasos.
La propia Danner aprovechaba el viento favorable y se daba una segunda oportunidad como actriz.


En 2003, la Paltrow sentaba la cabeza y lo hacía con Chris Martin, el vocalista de Coldplay. Juntos llevan siete años de matrimonio, con dos hijos como feliz saldo.


Gwyneth también es la más ideal para vestir los más variopintos trapos.
Desde el corsé isabelino de "Shakespeare In Love" hasta los majestuosos Donna Karan de "Grandes Esperanzas", la Paltrow luce como ninguna, mientras se dice exclusiva para anunciar aromas de Estée Lauder.


Nunca ha dejado de trabajar, y participar en la saga de "Iron Man" la ha mantenido en la retina del gran público.


Pero nuestro romance estaba destinado a repetirse.
Y, cuando ya no pensábamos en ella, aparece en "Glee" y le roba el corazón a toda la audiencia.


Ha habido muchas guest stars en "Glee". Ninguna ha sido tan star como la Paltrow.
Interpretando a la delirante profesora sustituta Holly Holliday, Gwyneth ha entrado en el Instituto McKinley cual huracán.
La ovación ha sido general.


Quiere que su última película, "Country Strong", la acerque de nuevo al Oscar, mientras oye intrigada cómo todos vuelven a hablar de ella.


Ha asegurado que regresará a "Glee" y, el otro día, se dejaba ver en un estreno con una renovada cara que, sin duda, ha conocido cierta inyección botulímica.


Ella sonríe y seduce. Siempre ha sido lo suyo.

No comments:

Post a Comment