Monday, December 6, 2010

Presentar Los Oscars


Justo hace una semana, la Academia de Hollywood publicaba una noticia sorprendente, aunque en perfecta consecuencia con sus pretensiones por emprender nuevos rumbos.
James Franco y Anne Hathaway serán los presentadores de la próxima ceremonia de los Oscars, que será celebrada a finales del mes de marzo.


Como los dos son una auténtica monada, muchos estamos tan satisfechos como intrigados.
Pero la decisión ya ha traído polémica; entre los acérrimos fans del eterno Billy Crystal, en particular, y entre los que desean un showman cómico en el escenario de los Oscars, en general.


Porque esto último lo mandaría la tradición.
En la historia de los premios de la Academia, ha habido tiempo para hacer todo tipo de combinaciones en su presentación, algunas más afortunadas que otras.


Pero la tendencia general ha sido siempre un actor fundamentalmente gracioso, que suavice con chascarrillos una gala que se presta larga y aburrida.


Entre los intérpretes de comedia (Steve Martin, Billy Crystal, Whoopi Goldberg) y los presentadores de televisión (David Letterman, Ellen DeGeneres, Jon Stewart), se ha movido la política de elección de la Academia en los últimos veinte años.


La rompía, de una manera milagrosa, con la contratación de una estrella de Hollywood llamada Hugh Jackman.


Hugh trajo las lecciones aprendidas durante su paso por Broadway para crear un espectáculo rotundo.
Desde 1996, he visto todas las entregas de los Oscars; la de Jackman es la única que me ha parecido realmente buena.


El año pasado, se daba un paso atrás.
Steve Martin y Alec Baldwin se fiaban demasiado de sí mismos y hacían lo que podían con un guión sin gracia.


En todo caso, en los presentadores de la ceremonia no debería residir la culpa del tedio, pese a que sean el principal objetivo de las críticas al día siguiente.
Normalmente, tanto la realización como la escasa fluidez del evento son las que acaban por provocar un bostezo de lo más elocuente.


Un gran complejo de la Academia, por el que recibe dardos a lo largo y ancho de la cinefilia, es que es una señora muy vieja.
Se nota en sus nominaciones y en sus premios, a veces atribuidos a películas que evocan aquel glorioso ayer, en el que se ha quedado adormilada.


Para compensarlo, ha decidido repartir más los premios, y aumentar el número de nominadas a la mejor película, para intentar confluir lo añejo y lo nuevo.


En la gala, podría decirse que ha contratado oficiosamente a Beyoncé para todos los números musicales.
Y, además, el año pasado hacía desfilar a Miley Cyrus y a los chicos de "Crepúsculo" para que leyesen sobres y atrayesen targets suculentos.


Este año, la elección de Anne y James se me hace acertada, porque resume todas las necesidades de los Oscars, en su búsqueda de un glamour juvenil, y lo hace con estilo.


Por un lado, son dos actores jóvenes, pero no niñatos.
Son personalidades de Hollywood, pero no súperestrellas. Tienen talento, gracia y ya han intervenido en los Oscars.
Ella sorprendió hace dos años cuando Jackman la subió al escenario, y ambos protagonizaron un número musical.


Que Anne quiera darlo todo en el escenario es decisivo para su próxima empresa artística. Porque ya sabemos que incorporará a Judy Garland en biopic en ciernes.


James Franco, ese chico taaaaan guapo, apareció en uno de los clips cómicos de aquella misma gala, reinterpretando al fumeta de "Pineapple Express", junto a Seth Rogen.


Como siempre tiene esa chispeante sonrisa y esa relajada expresión, todo muy digno de hachís, el jiji-jaja ya viene de antemano.


Se cuenta que, además de presentar, Franco estará muy atento a lo que se decida en cuanto al Oscar al mejor actor.
Porque es muy probable que "127 Hours", de Danny Boyle, le suponga su primera nominación a la estatuilla.


Como he dicho anteriormente, la cuestión no reside tanto en los presentadores como en el show que se les prepare.
Queremos mucho a Anne y James. Esperamos que, ocurra lo que ocurra, sea sólo beneficioso para los dos.

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