Thursday, January 6, 2011

Chicos de Dibujo


Concebir la sensualidad propia como un disparadero que comienza exclusivamente en la pubertad es sólo muestra de poca memoria.
Ya desde niños, nos sentimos atraídos por héroes y villanos, tal como nos sucede hoy.
Y Disney y los dibujos animados japoneses nos hicieron un favor al respecto, con su generosa galería de sexy cartoons.


Los reyes de la animación saben bien que la infancia es inocente sólo de vez en cuando.
Si los chicos de los dibujos animados están buenos, no sólo atraerán más al público, sino que el producto resultante será, curiosamente, mejor.


Confieso que el primer hombre en el que pensé lasciva y románticamente fue el príncipe de "La Bella Durmiente".


Felipe vivía en pleno siglo XIV y se enamoraba de la muchacha del bosque, sin conocer que era la inminentemente catalépsica princesa, a la que despertaría con morreo.


El príncipe Felipe supuso la sofisticación del héroe Disney, de la misma manera que "La Bella Durmiente" refinó más que nunca el estilo del cuento disneyano.


En su momento más sexy, el Príncipe aparecía con la coraza a medio poner.
Por detrás, tomaba a Aurora/Rosa de las manos para cantar y enamorarla. Qué calor de caballero.


Los dibujos disneyanos fueron poderosos durante mucho tiempo.
Sin embargo, la década de los ochenta se hacía una época poco favorable para la factoría, hasta que la llegada de "La Sirenita" permitió relanzar este imperio de la animación.


Uno de los recursos para el reboost fue potenciar el príncipe Disney como tío bueno.
Tuvimos el placer de conocer a chicos como Eric y Aladdin, obviamente inspirados en Tom Cruise.


Otro guapo, aunque demasiado breve, irrumpía al final de "La Bella y la Bestia". Nos enterábamos que la Bestia era, en realidad, un rubiazo de mucho cuidado.


Pero al hablar de maromos con melena, hay que recurrir a esa animación alocada, bizarra e imaginativa que sólo puede venir de Japón.


"Los Caballeros del Zodiaco" son los mejores exponentes de los machos del anime.
Cabellos de colores extraños, ojos emotivos, miradas penetrantes y cuerpos más allá de lo macizo.


El adictivo culebrón de lucha mitológica nos presentó a estos chicos, lo suficientemente testosterónicos para parecer homoeróticos.
Según rápida encuesta, los más deseados de estos señores del horóscopo son Seiya, caballero de Pegaso, y, sobre todo, el imponente Ikki, caballero de Fénix.


En lo que respecta a galanes de llorera anime, no hubo otro como Terry Grandchester, el segundo amor de "Candy Candy", con el que superó la muerte de su Anthony.


Otro guapérrimo de melenón y almidón se llamaba André Grandier, amigo de infancia y desvelo platónico de la inigualable "Lady Oscar".


Si Disney explotó el encanto del mal, el cartoon nipón fue aún más allá y potenció el erotismo de la villanía.
En la futbolera "Oliver y Benji", los más guapos no eran sus nobles protagonistas.
El más deseado era el morenote antagonista, ese Mark Lenders de camiseta arremangada.


Lenders era una buena pieza de "chulopartidos", que nos gustaba más de lo que nunca nos gustará Cristiano Ronaldo.


Y yo sé que has guardado un secreto durante mucho tiempo: el perro detective te pone.


En la serie "Sherlock Holmes", el famoso maestro de la deducción se animalizaba, en esa lógica sólo comprensible en el mundo de la infancia y el cuento.
Su voz, su postura y su valentía eran notables; cualquiera se olvidaba de que el único y genial Sherlock se trataba de un can.


Pero si hay que entregarse a esta zoofilia tácita, yo tengo mi favorito. Volviendo a Disney, me pido al que siempre busca lo más natural.
El encantador oso Baloo de "El Libro de la Selva" es ese muchachote reivindicable, sobre todo en estos tiempos tan adictos al hombre bear.


No se conoce mejor plan que entregarse al dolce farniente y quedarse dormido sobre la barriga del gran Baloo.


Estos chicos nunca existieron. Son dibujos, sí.


Pero les debemos tantísimo. Entre otras cosas, el principio de nuestra infatigable devoción maromial.

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