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Tuesday, March 22, 2011

Adiós a "Big Love"


El último domingo, la HBO daba el cierre a "Big Love".
Se despedía así la barroquísima saga de los Henrickson, familia polígama de Utah, que vive entre la ancestralidad mormona y la modernidad del suburb.


Han sido cinco temporadas de una serie especialmente ambiciosa, que ha jugado con la ambigüedad desde el principio.
Sin dejar de ponerlos en evidencia, ha terminado por conseguir que nos emocionemos con esos personajes de ideologías conservadoras y costumbres garrulas.


Como espectadores, hemos pasado de reprobar la situación a dejarnos llevar por la vivencia de esas tres casas y esas tres esposas, tan secretas, tan vibrantes.


La serie se revelaba aún más fascinante cuando se internaba en el impío terreno de Juniper Creek.


Representaba una adámica comunidad campesina, donde los profetas se elevan como patriarcas terribles, que trafican con mujeres repeinadas, ocultan sus disipaciones sexuales y recurren al asesinato cuando lo necesitan.


Todo en nombre del Padre Celestial, por supuesto.


Hemos visto mucho, pero nada como "Big Love".
La premisa de que una familia sea multiforme e ilegal ha propiciado el más extraño de los melodramas.


Y el escenario de Juniper Creek y sus grandguignolescas tramas han potenciado la bizarría hasta el puro espectáculo.


Pero, ¿por qué ha terminado?
"Big Love" jamás ha registrado grandes datos de audiencia y, en comparación con otras series de la cadena, goza de una popularidad mucho menor.


Sin embargo, ya sabemos que la HBO no vive de ratings, sino de reputación y prestigio.
Tras una tercera temporada impecable, donde la serie alcanzó su más alto nivel, "Big Love" nos ofrecía un cuarto año irregular, presidido por esa inverosímil trama de la carrera política de Bill Henrickson.


La espalda que le dio la crítica a "Big Love" ha sido lo que ha motivado que su quinta temporada haya sido la última.
Al menos, es lo que dice Bill Paxton y lo que sostienen gran parte de los seguidores de la serie.


Además, la presencia de "Big Love" en los premios televisivos ha sido mínima durante toda su trayectoria.
Sólo Chloë Sevigny se alzaba con el Globo de Oro a la mejor actriz de reparto en 2009.


En esta temporada de despedida, se ha evidenciado el agotamiento de algunos de sus ingredientes clásicos.
Las discusiones entre las esposas, que solían ser lo mejor de la función, han acabado trayendo el regusto de la repetición.


Sin embargo, "Big Love" nunca ha dejado de estar brillantemente escrita ni ser deliciosamente imprevisible.
Y no se puede expresar sino repetido elogio hacia su reparto.


Que la serie haya hecho trascendente a Jeanne Tripplehorn es la mejor prueba de su grandeza.


Como todos los episodios finales, la conclusión ha resultado desconcertante para muchos y decepcionante para otros tantos.


Personalmente, la he encontrado extraordinaria.
El capítulo final ha potenciado uno de los mensajes de la serie: las mujeres son más importantes que la machista situación en la que se encuentren.


Antes de marcharse, "Big Love" también ha querido insistir en su denuncia sobre la hipocresía religiosa y social de su país.
Ese que prefiere ilegalizar y prohibir, barriendo bajo la mesa y calificando de "basura blanca" a todos los que representan las deudas de su Historia y las miserias de su presente.


Si "Big Love" ya es importante, más crecerá su legado televisivo con el paso del tiempo. Será cuando los que no la hayan visto, se decidan a descubrirla.


Para los seguidores, ha significado una experiencia que ha sonado a nueva y un viaje que ha resultado provechoso, como sólo pueden brindar las mejores series de la HBO.

Saturday, March 20, 2010

"Big Love"


Mirada, entre compasiva y crítica, a la poligamia mormona, "Big Love" se ha revelado como uno de los últimos éxitos de la cadena HBO.
Pero, sobre todo, se ha constituido como el más extravagante melodrama familiar que se puede ver en televisión.


Su protagonista central se llama Bill Henrickson, asentado en un barrio residencial de Utah y empresario líder de la comunidad.


Pese a renegar de la poligamia en primera instancia y apartarse de las tradiciones ancestrales, Bill ha acabado abrazando el Principio y ha aceptado a dos esposas más que la oficial.


Una situación secreta, ilegal, apartada de las miradas de los vecinos, vivida en tres casas que se unen por un patio trasero.


Las esposas-hermanas se dividen las noches y se reparten las tareas domésticas; se apoyan y, previsiblemente, se hacen la vida imposible.
La situación que, en principio podría considerarse como la fantasía de todo hombre, tiene poco de ideal.


El primer episodio introduce a un Bill estresado, entre la necesidad de prosperar empresarialmente para sostener a su numerosísima familia, y el deber de satisfacer a sus tres esposas en todos los sentidos.


"Big Love" empieza describiendo esta forma de vida, que se mueve en las coordenadas del fanatismo religioso, pero transmutada en el imparable empuje de la vida moderna.


Anteponiéndose a ello, la comunidad rural de Juniper Creek permanece como el terrible vestigio de un ayer oscuro y perpetuado.


La némesis de Bill es Roman Grant, patriarca e indisputado profeta de la organización campesina de los mormones.
Como rey y guía religioso, Roman actúa sin escrúpulos, amasando una fortuna y disponiendo de las mujeres, vestidas y peinadas bajo norma, para casarlas y recasarlas con los hombres que así lo precien.


El enfrentamiento que vivieron Roman y Bill en el pasado sigue resonando. Roman reclama su parte de los negocios de Bill y no parará de coaccionarlo.


Pero las estrellas de "Big Love" son las esposas-hermanas de Bill Henrickson.


En sus disputas, en sus abismales diferencias, en la manera que se organizan, que hacen alianzas y que cambian según las situaciones, se vertebra el día a día de estas intrigantes chicas.


Barb, la sensata, la oficial, la que ha tenido que asumir dejar de ser la única. De algún modo, lo mantiene, constituyéndose como equilibradora, aunque nunca exenta de debilidades.


La segunda y más fascinante esposa es Nicki, hija del patriarca Grant.
Su poca cultura y su manifiesta cobardía se suplen con una tendencia innata a la trama, la mentira y la estrategia.
La villanía de Nicki se antoja contradictoria; podría decirse que sus orígenes influyen en esa personalidad dañada.


La tercera se llama Margene, la joven emocional, recién llegada en muchos aspectos, pero curiosamente inasequible al desaliento.


La situación se equilibra más de lo que podría esperarse, pero no falta la sensación de disparate.
Así, existe toda una tensión sexual entre la joven Margene y el hijo mayor de Barb, y nace la posibilidad de que una camarera rumana se convierta en la cuarta esposa.


Las políticas sexuales que profesa cada mujer, el grado de observancia de las tradiciones, el lastre familiar que cada una lleva y las ambiciones de sus espíritus centran el interés de "Big Love".


Pero, sobre todo, el tema básico de la serie es la familia, entendida como un todo que aglutina lo mejor y lo peor del ser humano.
Nadie puede zafarse de su identidad, recuerda "Big Love".


La tercera temporada es, sin duda, la mejor, porque el drama pisa el acelerador con más fuerza que nunca y la locura de Juniper Creek empieza a ganar mayor protagonismo, alcanzando un grado de delirio maravilloso.


"Big Love" es un drama coral, repleto de cautivadores personajes y un plantel de actores que quita el hipo.


Sin embargo, la que pisa fuerte y roba escenas sin despeinarse es Chloë Sevigny, que logra hacer inteligible esa Nicki llena de connotaciones negativas, mirando a través de ella de la manera más sensible.


Esa misma estrategia de "mirar a través" y juzgar lo justo es la clave de la brillantez bigloviana.


Como muchas series de la HBO, "Big Love" prefirió empezar de puntillas. Tras cuatro años, se ha convertido en gran favorita.
Volverá con su quinta temporada en 2011. Como siempre, la espera se nos hará muy larga.