Sunday, June 20, 2010

Reese


Nos cuenta su mayor éxito cinematográfico que las etiquetas pueden ser erróneas. Y que hay rubias que no son tontas.
Reese Witherspoon pudo sucumbir perfectamente a su estatus de prometedora chica de finales de los noventa.
Pero, como es más lista que el hambre y se ha sabido multiplicar por diez en cada momento, hoy sonríe y se pasea por Hollywood con la confianza del estrellato.


La niña de "The Man In The Moon" se hizo mayor con títulos como "Pleasantville", "Crueles Intenciones" o "Election", donde demostraba una gran versatilidad y despedía ese halo de luminosidad sureña que la caracteriza.


La intriga que despierta su físico quizá resida en esa cabeza pequeña, donde caben inexplicablemente unos ojos enormes, un mentón pronunciado y una sonrisa de oreja a oreja.


Y la Witherspoon es rubia, qué menos.
Ese súper guilty pleasure llamado "Legally Blonde" la confirmó como señorita taquillera.


Reese potenciaba su proverbial salero con ese papel de "ruvi" que decide estudiar Derecho en Harvard para recuperar a su novio y acaba convirtiéndose en la reina de la Universidad.


Repetía taquillazo con la menos estimulante "Sweet Home Alabama", que potenciaba su imagen de chica glamourosa de raíces ordinarias y expresaba el encanto consecuente de la combinación.


Sin embargo, el gran momento de la Witherspoon ha sido demostrar que no hace falta ni afearse ni armar el numerito para ganar un Oscar.


June Carter la elegía personalmente como la actriz apropiada para incorporarla en el cine.
Y así, junto a Joaquin Phoenix como Johnny Cash, Reese aparecía en "Walk The Line".


Este biopic maravilloso, imprescindible para los devotos del show-business, debe gran parte de su grandeza a sus protagonistas.


Con una naturalidad pasmosa y hallando una potente química con Joaquin, la Witherspoon rozaba la gloria, sin perder ni por un momento su personalidad.


La Academia, que adora premiar a sus niñas, le daba la estatuilla.
Ella sonrió, se puso nerviosa y lo quiso compartir con Joaquin Phoenix, que también debió ser premiado aquella noche.


Es costumbre: a Reese se le envidian los hombres.


En 1999, se casaba con Ryan Phillippe, a quien conoció en su cumpleaños y cuyo amor quedó sellado cuando compartieron cartel en "Crueles Intenciones".
Junto a él, tuvo dos hijos, y la joven pareja era favorita de la prensa rosa de Hollywood.


En 2008, Ryan y Reese se divorciaban, mientras ella transitaba sagazmente hacia otro tío bueno, de nombre Jake Gyllenhaal.


Estuvieron juntos hasta finales del año pasado, cuando ella rechazaba su propuesta de matrimonio. Qué valor.


Ahora Reese está saliendo con su agente Jim Toth, mientras se le acumulan los proyectos sobre la mesa.
Quien avisa no es traidor: queda mucha Witherspoon.

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