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Tuesday, December 14, 2010

Gran "Dexter"


Somos fans de muchas series, pero hay que reconocer que existen pocas ficciones realmente sorprendentes.
"Dexter" es esa excepción que llega al final del año y se saca de la manga una baraja entera de pura perversidad dramática.
La serie está siempre tan bien servida, que se ha convertido en la mejor entrega de suspense de la televisión.


Este año, lo ha vuelto a conseguir, con un cóctel de terror, expiación de culpa, venganza suprema y oscuro romanticismo.
Durante los últimos meses, "Dexter" ha sido garantía de privación de aliento, a razón de cincuenta minutos semanales, consumidos con manifiesta avidez por todos sus seguidores.


Cual caja china, Dexter Morgan y nosotros hemos ido destapando la trama central de esta quinta temporada.


La parada decisiva en el tortuoso juego narrativo ha sido la revelación del personaje pivote.
Aparecía Lumen Pierce, superviviente de pro, mujer dañada, hembra de vendetta.


Se ha consagrado como uno de los personajes femeninos más poderosos e inusuales jamás vistos en la pantalla catódica, brindado por una insólita Julia Stiles.


El escepticismo general ante el anuncio de que la rubia Stiles llegaba a "Dexter" ha tenido que rendirse ante una de las interpretaciones televisivas del año.


Un tour-de-force intuitivo y arriesgado de Julia, que hoy mismo recibía una merecida nominación al Globo de Oro como mejor actriz de reparto.
La serie y Michael C. Hall también han recibido sendas menciones.


"Dexter" siempre fue buena. Desde hace dos temporadas, es sencillamente magistral.
El cuarto y el quinto año han sobresalido del resto, porque el ritmo de la serie se ha acelerado notablemente y sus tramas centrales se han intensificado a la máxima potencia.


Además, los relatos de sus villanos se han querido resonar en el pasado.
Porque los mejores narradores bien saben que la clave para construir cualquier historia poderosa es que su origen se remonte tiempo atrás.


En la cuarta temporada, Trinity era un sublime loco. Componía una sinfonía de muerte, cuya nota definitiva se tocaba en el último momento, asegurando el escalofrío.


Este año, el sonido de la villanía de "Dexter" podría asemejarse a la que produce una jauría de animales salvajes.


La quinta temporada nos ha traído a un grupo de cinco hombres bestiales y cínicos, de los que entran fácilmente en cualquier pesadilla.
Han lucido más pavorosos por resultar posibles.


La violencia contra las mujeres es una realidad cotidiana, que sucede cuando un hombre usa a una chica como el instrumento de sus placeres y sus frustraciones.
Es especialmente cruel si lo hace espoleado por sus amigotes.


Los monstruos han estado brillantemente interpretados por unos actores valientes, que no han tenido miedo de dar cara a semejantes canallas.
Jonny Lee Miller, Shawn Hatosy, Sean O'Bryan, Chris Vance, Scott Grimes, bravísimos.


El poder de convicción ha hecho de "Dexter" una experiencia galvanizante.
Personalmente, a veces no he sabido si he disfrutado más de lo que he sufrido.


La intensidad de algunas escenas, el impacto de las revelaciones y, especialmente, el sonido de ciertos testimonios audiovisuales de la intriga me han quitado el sueño literalmente.


Antes de la quinta temporada de "Dexter", sólo me habían dejado sin dormir, por motivos diferentes, "Brokeback Mountain" y "Réquiem por un Sueño".
En esta ocasión, mi impresión insomne residía en la tristeza que sentía ante la crueldad y la falta de piedad de los malvados.
Pero también en la excitación morbosa que sentía al presenciar tanta atrocidad en tan poco tiempo.


He llegado a la conclusión de que esa disyuntiva es la que persigue "Dexter" desde el principio: deseamos conocer el Horror tanto como necesitamos ignorarlo.


La esperada season finale del domingo traía las respuestas y el habitual thrill de este "Miami Gothic".
Si la temporada ha sido coto de Julia Stiles, el capítulo final ha dejado claro que Jennifer Carpenter es esa joya menospreciada de "Dexter".


Debra Morgan ha resultado siempre un personaje desesperante, pero su evolución ha sido considerable, y la actriz encargada se ha superado a sí misma con creces.
También lo ha hecho el protagonista, Michael C. Hall, que ha otorgado gran emotividad a la conclusión de este año.


Pero, para Michael y Jennifer, no es el mejor momento personal.
Son hermanos en la pantalla y, desde hace dos años, también matrimonio en la vida real.


Anoche nos contaba el Entertainment Weekly en exclusiva que Michael C. Hall y Jennifer Carpenter llevan separados cierto tiempo y se encuentran en trámites de divorcio.
Sin duda, se ha esperado al final de temporada para anunciar la noticia.


Pese a que he disfrutado la season finale y la encuentro hasta moralmente coherente, sabía que iba a ser controvertida.
Especialmente, sus últimos quince minutos, que pecan de precipitados y demasiado melancólicos.
En cualquier caso, como espectadores, hay que quedarse siempre con lo mejor, que este año ha sido mucho, dentro de una serie tan generosa y exuberante como esta.


Regresa el próximo año, con la sexta temporada.
Hasta entonces, nuestro corazón latirá a un ritmo tranquilo, preparado para vibrar con fuerza a la vuelta de este grandísimo "Dexter".


No os preocupéis. He will carry our darkness with him.

Thursday, November 18, 2010

Take Jonny Lee!


Se le reconoce como el poseedor de la cabeza más extraña y atractiva del show-business actual.
Nunca la alopecia cabalgante ha resultado tan ardiente, aderezada con esos ojos profundos y esa boca compulsivamente besable.
El inglés Jonny Lee Miller es un viejo conocido; un hombre guapísimo, versátil y sin complejos, que ha tenido menos suerte de la que debiera.


Entre sus excelsos méritos, se encuentra el haber sido el primer marido de Angelina Jolie.
Fue un matrimonio de lo más juvenil y apasionado, que coincidió con el inicio de sus respectivas carreras y, de manera previsible, no duró demasiado.


En la boda, Angelina apareció vestida con una camiseta, en cuya parte trasera había pintado con sangre el nombre de su Jonny Lee.
De tanto fuego, sólo quedó "Hackers" como testimonio y ningún rencor. "Simplemente éramos demasiado jóvenes", diría Angelina tiempo después.
En retrospectiva, lo que reza esta siguiente portada de revista parece toda una ironía.


Se cuenta que fue Ewan McGregor quien sugirió a Jonny Lee Miller como el más adecuado para ser 'Sick Boy'.
La película se llamaba, por supuesto, "Trainspotting".


La aparición de Jonny Lee teñido de rubio se hacía parte ineludible de la identidad del film de Danny Boyle.
En ella, interpretaba al truculento maquinador de estafas, otro kamikaze heroinómano que sumar a la salvaje pandilla de Renton.


Miller ha quedado beneficiado para siempre por tamaño fenómeno generacional; su figura sigue suscitando interés entre la legión de fans de la gran "Trainspotting".


Su inteligente cabezón le ha llevado a los dos lados del océano, donde sabe mudar acentos y compaginar géneros como ninguno.


Pero, mientras su súper ex se ha convertido en estrella de Hollywood, lo de Jonny Lee siempre ha sido menos noticiable.


La prensa sí lo quiso buscar cuando se publicó el romance de la Jolie con Brad Pitt, pero Miller desoyó.
En ese momento, ya era feliz con Michele Hicks, con quien se casó hace dos años, con un retoñín como resultado.


Jonny Lee profesa sentirse a sus anchas en la televisión, porque, de hecho, nació para la causa artística en la pequeña pantalla británica.


En 2008, protagonizaba por primera vez una serie norteamericana, "Eli Stone".


La tierna saga de un abogado corporativista, que se hace bueno a causa de un inoperable tumor cerebral, no convenció a casi nadie y sólo duró dos temporadas.


"Eli Stone" nos traía a un Jonny Lee demasiado blandito, lejos de la electricidad que contagia en sus mejores intervenciones.


Pero, como 'Sick Boy', Jonny Lee no quiere parar. Y ahora ha desembarcado en Miami, gracias a "Dexter".
En esa fabulosa quinta temporada, que me tiene literalmente sin dormir, Miller interviene en un papel que se presta memorable.


Es Jordan Chase, parodia de esos entusiastas orientadores vitales, que se convierten en fenómenos multitudinarios en Estados Unidos.


Su receta para proveer la felicidad de sus seguidores se resume en la máxima: If you want something, take it!.
Nuestro Dexter ha descubierto que ese dorado Jordan Chase está involucrado en una terrorífica red de violaciones y asesinatos a mujeres.
Ese Take it! cobra su más turbio significado.


Miller interpreta a tan jugoso personaje con el debido sentido de la inquietud, y ya se pronostican unos próximos capítulos de infarto.
Y quizá supongan algún próximo premio televisivo para Jonny Lee.


Por mi parte, me pido su cabeza, hoy y siempre.

Saturday, May 8, 2010

"Dexter"


Es evidencia del fructífero camino que la televisión norteamericana ha recorrido en las últimas dos décadas.
"Dexter" no sólo se limita a contar una historia, sino que opta por un estilo y apuesta por una estética.


Y, desde el principio, busca provocar.
El punto de vista es la mirada de un asesino en serie, cuyas acciones son desconocidas por su entorno familiar y laboral.
Dexter Morgan hace al espectador el único conocedor de sus secretos y sus mentiras.


Un oscuro - o más bien, rojo - episodio de su infancia lo convirtió en potencial asesino.


Su padre adoptivo, consciente de que Dexter viviría dañado para siempre, reorientó dicho potencial.


Bajo un estricto código, Dexter mata a los otros asesinos, a los que se escapan de sus condenas y se salen con la suya, escurridos por los múltiples agujeros del sistema.
Actúa con frialdad y eficiencia, desplegando un auténtico ritual. Es, por tanto, un ejecutor.


"Dexter" ilustra la violencia de una manera estilizada y morbosa, mientras el retrato de su personaje es deliberadamente manipulador.
Pero no hablamos del maniqueísmo de "Harry, el Sucio".


La serie ni glorifica a Dexter ni lo juzga, sólo busca introducirse dentro de él y hacernos partícipes de esa comprometedora inmersión.


Dexter nos asegura que es un ser asentimental, incapaz de disfrutar con las emociones que mueven al prójimo, pero interesado en recrearlas para mantener las apariencias.


Para la Policía de Miami, es un pacífico ratón de laboratorio; para la atolondrada Debra, es un hermano comprensivo; para la frágil Rita, es el novio ideal.


La disociación que se refleja entre vida secreta y cara externa resulta universal.
Todos hemos actuado ante los demás y hemos fingido sentimientos.
Aunque no seamos asesinos con un código, hemos ocultado muchas de nuestras verdades interiores para poder desarrollarnos en sociedad.


Además, esa característica del personaje lleva a la serie a indagar en el significado verdadero de conceptos como la conciencia, la culpa, el amor o la empatía.


La serie adora el contraste. Así, la gelidez de Dexter se contrapone al tórrido paisaje del Miami en el que vive.


La inteligencia del personaje se opone a la mediocridad de los agentes de policía que trabajan con él; su falta de ambición profesional, al oportunismo de todos ellos.


Basada en la saga literaria de Jeff Lindsay, las tramas y el tono de "Dexter" se mueven entre el humor negro, el placer de medianoche y el thriller criminal.


Entre sus evidentes inspiraciones, se cuentan Patricia Highsmith, Bret Easton Ellis, Dario Argento y Quentin Tarantino.


Un personaje como Dexter Morgan sólo podía ser interpretado por Michael C. Hall, ese actor que pasa de atractivo a turbio en un instante.
El diseño de producción es impresionante, desde la fotografía hasta la música, pasando por esos magistrales títulos de crédito, que cuentan perfectamente el personaje en menos de dos minutos.


Las dos primeras temporadas de la serie están llenas de grandes momentos, pero resultan un tanto irregulares.


La utilización continua de la voz en off y el flashback ralentiza la narración, haciéndola premiosa, mientras se detiene en tramas no demasiado estimulantes o bastante obvias.
Es el caso de la aparición de Lila, versión oscura de Rita y posible "novia del monstruo", que no aporta gran cosa ni resulta muy afinada.


La tercera temporada apuesta por un grado de delirio mayor, pero el resultado parece más centrado.
Además, ya no queda tan clara la roboticidad de Dexter, ni se muestra tan infalible como en otros tiempos; por tanto, resulta más accesible y menos grave.


El protagonista acaba resultando una curiosa variante del súperheroe de cómic. Es el "súperantihéroe", con sus poderes, sus defectos y sus sucesivos antagonistas.


El gran momento de "Dexter" ha sido su cuarto año, que concluía el pasado mes de diciembre.
Es cuando la serie consigue plenamente lo que había estado buscando: ser una sinfonía del horror.


En toda esa cuarta temporada, no hay un solo paso en falso y la tensión dramática lograda se puede cortar con tijeras.
Se establece una correspondencia perfecta entre el nuevo papel de Dexter como padre de familia y el villano al que está persiguiendo, "el asesino Trinidad" (un maravilloso John Lithgow).


La paternidad y la familia, como subtextos de la historia, acaban expresados de una manera tan coherente como astuta.


El final - sorprendente, atroz, valiente - no sólo ha dejado alelada a toda la audiencia, sino que es ejemplo de las posibilidades de una serie tan arriesgada.
Si sigue por ese bendito camino, no faltarán nuestras reverencias.